La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Lo más frecuente es infligir al culpable entre treinta y cien azotes. La cantidad no depende de la culpa, sino de que la orden la dé el jefe del distrito o el inspector de la cárcel: el primero tiene derecho a cien, el segundo a treinta. Un inspector siempre imponía treinta; en una ocasión tuvo que desempeñar las funciones del jefe del distrito e inmediatamente elevó la cuota hasta cien, como si esa cifra fuera la señal indispensable de su nuevo poder; y no cambió la medida hasta la llegada del jefe del distrito, momento en que volvió escrupulosamente a los treinta de rigor. Se ha abusado tanto de ese castigo en Sajalín, que su aplicación se ha vuelto trivial y en muchos casos no causa aborrecimiento ni temor; se dice incluso que numerosos detenidos ni siquiera sienten dolor cuando reciben los golpes.

Preso encadenado a una carretilla