La isla de Sajalin
La isla de Sajalin La ciudad carece de hotel. Me permitieron descansar después de la comida en el casino, en una sala de techo bajo donde, según me dijeron, se celebraban bailes en invierno. Cuando pregunté dónde podía pasar la noche, mis interlocutores se limitaron a encogerse de hombros. Falto de alojamiento, tuve que pasar dos noches a bordo, pero cuando el barco zarpó para Javarovka, me encontré en la misma situación que un cangrejo en un banco de arena: ¿adónde ir? Mis maletas estaban en el muelle; deambulé por la orilla sin saber qué hacer. El Baikal estaba anclado a dos o tres verstas de distancia, a la vista la ciudad. Esa es la embarcación que debe llevarme al estrecho de Tartaria, pero dicen que no partirá hasta dentro de cuatro o cinco días, aunque la bandera de partida ondea ya en el mástil. ¿Y si me instalara ya en mi camarote? Pero la situación es embarazosa: probablemente no me dejarán, me dirán que es demasiado pronto.
