Los Martires
Los Martires Después de pasar una semana en la quinta de mi tía me fui a casa de mi prima Varia. Aunque su marido es un déspota -¡yo le mataría!- hemos pasado unos días deliciosos. La otra noche dimos una función de aficionados, en la que tomé yo parte.
Representamos Un escándalo en el gran mundo.
Frustalev estuvo muy bien. En un entreacto bebí un poco de limón helado con coñac. Es una mezcla que sabe a champagne. Al parecer no me sentó mal.
Al día siguiente hicimos una excursión a caballo. La mañana era un poco húmeda y me resfrié. Hoy he venido a ver a mi pobre maridito y a llevarme el traje de seda. No había hecho más que llegar, cuando he sentido unos espasmos en el estómago y unos dolores... Creí que me moría. Varia, ¡claro!, se ha asustado mucho; ha empezado a tirarse de los
pelos, ha mandado por el médico. ¡Han sido unos momentos terribles!
Tal es el relato que la pobre enferma les hace a todos sus visitantes.
Después de la visita del médico se duerme con el sosegado sueño de los justos, y no se despierta en seis horas.
En el reloj acaban de dar las dos de la mañana.