Tres hermanas
Tres hermanas CHEBUTIKIN. —¡El barón es una excelente persona, pero, barón más o menos…, qué más da…! ¡Que sea lo que sea…! Es igual. (Al otro lado del jardín se oye el grito de «¡gop-gop!»). ¡Espérate, si quieres…! Es Skovortzov, el testigo, el que llama… Está sentado en la barquita. (Pausa).
ANDREI. —A mi juicio, tomar parte en un duelo, o presenciarlo aunque sea en calidad de médico, es sencillamente inmoral.
CHEBUTIKIN. —Así parece, pero solo lo parece… ¡El mundo está vacío…, nosotros no existimos, y únicamente lo parece…!
MASCHA. —¡Y que se pase usted así el día entero! ¡Habla, habla que te habla…! (Echando a andar). ¡Además, vivir en este clima, en el que a cada momento puede empezar a nevar…, tener que escuchar este género de conversación! (Deteniéndose). No entro en casa. Se me resiste el entrar en ella. Cuando venga Verschinin, avíseme. (Alejándose por la alameda). ¡Ya se marchan los pájaros emigrantes…! (Mirando a lo alto). ¿Son cisnes o gansos?… ¡Oh, queridos…! ¡Felices vosotros! (Sale).
ANDREI. —Nuestra casa se quedará vacía… Los oficiales se marcharán, se marchará usted, mi hermana se casará, y yo me quedaré solo en ella…
CHEBUTIKIN. —Sin embargo…, ¿su mujer?