Tres hermanas
Tres hermanas Dos músicos ambulantes, un hombre y una joven, entran y se ponen a tocar el arpa y el violín. De la casa salen VERSCHININ, OLGA y ANFISA, que permanecen un minuto escuchándoles en silencio. IRINA se acerca.
OLGA. —¡Nuestro jardín se ha convertido en una calle de paso! ¡Todo el que quiere, lo mismo sea a pie que a caballo, cruza por él…! ¡Ama…, da algo a esos músicos!
ANFISA. —(Dándoles unas monedas). ¡Vayan con Dios! (Los músicos saludan y se marchan). ¡Pobre gente! ¡No será por estar muy satisfechos por lo que tocan…! (A IRINA, besándola). ¡Buenos días, Arischa! ¡No sabes lo bien que estoy viviendo! ¡En el colegio, en un piso oficial y con Oliuscha…! ¡Así lo ha querido Dios…! ¡Que viva en mi vejez como nunca pecadora de mí desde que nací he vivido! ¡Es un piso grande…, oficial… y tengo para mí sola un cuarto con una cama…! ¡Todo es oficial…! Y cuando me despierto por la noche… ¡Virgen Santísima…! , no hay en el mundo persona más feliz que yo.
VERSCHININ. —(Mirando al reloj). Nos vamos ya, Olga Sergueevna. Es hora de marcharse. (Pausa). ¡La deseo cuanto mejor…, mejor! ¿Dónde está María Sergueevna?
IRINA. —En el jardín, supongo. Voy, a buscarla.
