Tres hermanas
Tres hermanas NATASCHA. —También a ellas se lo diré. ¡Son tan buenas…! (Disponiéndose a salir). Para la cena pondré cuajada. El doctor dice que si no te limitas a comer cuajada, no adelgazarás. (Deteniéndose). ¡Bobik está frÃo…! ¡Tengo miedo de que sea frÃa su habitación…! ¡ConvendrÃa, hasta que llegue el buen tiempo, instalarle en alguna otra…! ¡La de Irina, por ejemplo, está pintiparada para el niño! ¡No hay humedad, y da el sol en ella todo el dÃa! ¡Habrá que decirle que, mientras tanto, se pase a la de Olga! ¡Como de todos modos no está en casa en todo el dÃa, y solo viene a dormir…! (Pausa). ¡Andriuschanchik…! ¿Por qué estás tan callado?
ANDREI. —Porque sÃ… Porque me habÃa quedado pensando… Además no hay nada de que hablar.
NATASCHA. —Por cierto…, querÃa decirte algo… ¡Ah, sÃ…! ¡De allá…, de la Diputación…, ha venido Ferapont preguntando por ti!
ANDREI. —(Bostezando). Dile que pase. (NATASCHA sale. ANDREI se pone a leer en el libro, a la luz de la vela olvidada por ella. Entra FERAPONT, cubierto de un viejo abrigo raÃdo y con el cuello alzado. Una bufanda le cubre las orejas).
ANDREI (le dice): ¡Hola, amigo mÃo! ¿Qué me cuentas?
FERAPONT. —El presidente le envÃa este libro con esta nota. (Entregándole ambos). Aquà están.