Tres hermanas
Tres hermanas ANDREI. —¡Si hubieras oído bien, tal vez no hubiera hablado contigo…! ¡Y, sin embargo, tengo que hablar con alguien…! ¡Mi mujer no me entiende, y a mis hermanas sin saber por qué les tengo miedo…! ¡Temo que se rían de mí y me avergüencen…! Beber, no bebo… Me desagrada frecuentar las tabernas y, sin embargo…, ¡qué placer sería encontrarse ahora en Moscú…, en Testov, en Bolschoi o en Moskovskii[5]…! ¡Querido mío…!
FERAPONT. —El otro día, el contratista estuvo contando de unos comerciantes de Moscú que se pusieron a comer «blini[6]» hasta que, según parece, se murió uno de ellos, que se había comido cuarenta… No sé si fueron cuarenta o cincuenta las que se comió. No lo recuerdo bien…
ANDREI. —¡Encontrarse en Moscú, sentado en el enorme salón del restaurante…! ¡A nadie conoces y nadie te conoce a ti… y, sin embargo, no te sientes extraño…! ¡Aquí, en cambio, donde todo el mundo te conoce y tú conoces a todo el mundo, sí te sientes extraño…! ¡Extraño y solitario!
FERAPONT. —¿Cómo?… (Pausa). Y también el mismo Contratista… claro que a lo mejor es mentira habla de no sé qué cuerda gorda que pasa por Moscú…
ANDREI. —¿Para qué?
FERAPONT. —¡Yo no sé…! ¡Es el contratista el que lo dijo!