Tres hermanas
Tres hermanas Entran MASCHA y VERSCHININ. Mientras estos conversan, la doncella enciende la lámpara y las velas
MASCHA. —No sé, no sé… ¡Claro que la costumbre hace mucho…! Por ejemplo, cuando murió nuestro padre tardamos mucho tiempo en acostumbrarnos a la falta de asistente… Pero, aparte de la costumbre, se me figura que hablo también por espíritu de justicia… Quizá en otros sitios no sea igual, pero en nuestra ciudad, las personas más honradas, más nobles y más educadas son los militares…
VERSCHININ. —Tengo sed. Bebería con gusto un poco de té.
MASCHA. —(Mirando al reloj). Estarán para servirlo… ¡Cuando me casaron, a los dieciocho años, tenía miedo a mi marido, que ya era entonces profesor, mientras yo apenas había terminado el curso…! ¡Me parecía terriblemente sabio, inteligente e importante! ¡Ahora es distinto…, desgraciadamente!
VERSCHININ. —Sí… Sí…
