Tres hermanas
Tres hermanas Recién levantado de la cama, donde ha estado descansando, entra CHEBUTIKIN en el salón. Después de atusarse la barba, se sienta a la mesa y saca del bolsillo un periódico
MASCHA. —Ahí está ya. ¿Pagó el piso?
IRINA. —(Riendo). No. Ni una kopeica en ocho meses… ¡Se te habrá olvidado, seguramente!
MASCHA. —(Riendo). Fíjense en la postura importante que adopta cuando se sienta. (Ríen todos. Pausa).
IRINA. —¿Por qué está usted tan callado, Alexander Ignatievich?
VERSCHININ. —¡Qué sé yo…! Me apetece tomar té. ¡Daría media vida por un vaso de té! Desde la mañana no he tomado nada…
CHEBUTIKIN. —¡Irina Sergueevna!
IRINA. —¿Qué quiere?
CHEBUTIKIN. —¡Venga aquí…! «Venez ici!». (IRINA se levanta, y va a sentarse a la mesa). ¡Sin su ayuda no puedo! (IRINA extiende ante él las cartas para un solitario).
VERSCHININ. —¡Qué le vamos a hacer…! ¡Si no nos dan té…, filosofemos, al menos…!
TUSENBACH. —¿Sobre qué?