Tres hermanas
Tres hermanas Entra NATASCHA.
NATASCHA. —Se anda diciendo por ahí que hay que organizar, sin pérdida de tiempo, una sociedad de ayuda a los damnificados… En realidad, la idea es magnífica. Por lo pronto, hay que atender a los pobres lo más rápidamente posible. Es obligación de los ricos… Bobik y Sofeschka duermen como dos santitos, sin enterarse de nada… La casa está llena de gente… Por cualquier parte que vayas, la encuentras atestada… ¡La cosa es que hay «influenza» en la ciudad y me da miedo que vayan a cogerla los niños!
OLGA. —(Sin escucharla). Desde este cuarto no se ve el fuego… Aquí todo es tranquilidad…
NATASCHA. —Sí… ¡Seguro que estoy algo despeinada…! (Mirándose al espejo). ¡Dicen que he engordado, pero no es verdad…! ¡Ni una pizca…! ¡Mascha se ha dormido…! ¡Estaba tan cansada, la pobre…! (A ANFISA, fríamente). ¿Cómo te atreves a estar sentada delante de mí? ¡Levántate! ¡Vete de aquí! (ANFISA sale. Pausa). ¡Por qué tienes a esta vieja, es cosa que no comprendo!
OLGA. —(Sobrecogido). Perdona… Tampoco yo comprendo…
