Tres hermanas
Tres hermanas Entra SOLIONII.
IRINA. —¡Por favor, no…! ¡Márchese, Vasilii Vasilich…! ¡Aquí no se puede estar!
SOLIONII. —¿Y por qué puede estar el barón y yo no?
VERSCHININ. —En efecto, hay que marcharse. ¿Cómo va el fuego?
SOLIONII. —Dicen que decrece… ¡No…! ¡Decididamente encuentro extraño que pueda estar aquí el barón y yo no…! (Saca del bolsillo el frasco de perfume, y se rocía con él).
VERSCHININ. —Tram tam tam…
MASCHA. —Tram tam…
VERSCHININ. —(Ríe. Dirigiéndose a SOLIONII). Vamos al salón.
SOLIONII. —Está bien. Tomaré nota. «De no temer que el ganso fuera a excitarse, esta idea pudiera quizá explicarse»… (Tras una mirada a TUSENBACH). «¡Pitas! ¡Pitas! ¡Pitas!»… (Sale en compañía de VERSCHININ y FEDOTIK).
IRINA. —¡Qué olor a tabaco ha dejado aquí este Solionii! (Asombrada). ¡El barón se ha dormido…! ¡Barón! ¡Barón…!