Vuelvo a mí
Vuelvo a mí No importa la edad ni cuánto tiempo hayas vivido algo. Cada día es una oportunidad para cambiar, soltar lo que no va y animarte a perseguir lo que en verdad te llena. Reinventarte es un derecho, no una excepción.
Quizás nadie lo note, pero sostenerte cada día, reconstruirte tras cada caída, también es admirable. Lo que no se ve –tu intuición, tu capacidad de sanar, tu corazón resistente– es parte esencial de tu valor.
Hay un momento en el que seguir insistiendo duele más que soltar. Reconocer que mereces algo mejor y ponerle fin a lo que te lastima no es fracaso: es un acto de dignidad y respeto por ti misma.
No tienes que perdonar a quien te hirió si no lo sientes de forma genuina. Sanar no depende de justificar lo que te hicieron. Puedes seguir adelante sin reconciliación y aun así estar en paz.
Nada ni nadie puede quitarte las lecciones que te dejó la vida. Incluso cuando perdiste o te fallaron, saliste con más sabiduría, fuerza y claridad. Eso es tuyo, y nadie lo puede deshacer.