Amia
Amia El caso AMIA es el reflejo de cómo los intereses geopolíticos y las agendas internacionales pueden influir en la investigación de un crimen atroz, sacrificando la búsqueda de la verdad y la justicia. Desde el atentado del 18 de julio de 1994, los principales actores involucrados, incluyendo el gobierno argentino, los servicios de inteligencia nacionales e internacionales, y los medios de comunicación, construyeron una narrativa diseñada para proteger a ciertos responsables y desviar la atención hacia un culpable conveniente: Irán.
La alineación de Argentina con Estados Unidos e Israel fue un factor clave en este encubrimiento. Ambos países tenían intereses estratégicos en culpar a Irán, un enemigo declarado en el Medio Oriente, mientras mantenían intactas sus relaciones encubiertas con Siria. Este enfoque quedó evidenciado en la manipulación de pruebas, como la famosa Traffic blanca, y en la presión para que el gobierno argentino aceptara sin cuestionamientos las conclusiones presentadas por la CIA y el Mossad.
