Búffalo Bill
Búffalo Bill Es amenísima y está llena de enseñanzas la vida de los pobladores que llevaron la civilización al otro lado de lo que se llamó el gran desierto americano, a través de miles de vicisitudes y cruentas luchas con los salvajes que lo poblaban; llevando una vida de dureza inexpresable y de privaciones sin cuento. Allí se levantaron, gracias al esfuerzo de estos pioneers[19], ciudades e industrias que son el orgullo de nuestro país. No hay duda que esas travesías en carretas han de haber tenido para los que las hacían un interés inmaterial, pues no es de creerse que fueron movidos sólo por la necesidad o por el afán de desalojar al indio y apoderarse de sus territorios; algo de aventurero deben de haber tenido en su alma y, sobre todo, mucho de desinteresado impulso civilizador, para haber afrontado tanta penuria sin renunciamientos capaces de hacer cejar en la empresa. No fue sin duda menor el sentimiento de emulación que llevó a cada uno de esos heroicos pobladores a sobrepasar la cantidad de sacrificios y el número de hazañas que debieron soportar y llevar a cabo en las inhóspitas comarcas. Y si mucho hicieron los hombres por civilizar el desierto, debemos convenir que más hicieron las mujeres con su sublime y eterna abnegación. Esa lucha enseñó a nuestros hombres a ser astutos y duros; hábiles en la lucha por la subsistencia y resistentes al fracaso.