Búffalo Bill
Búffalo Bill El documento, primero que firmó en su vida Bill, ha sido conservado entre sus papeles. Dice así: «Yo, William F. Cody, juro solemnemente ante Dios, que durante el tiempo que esté como empleado de Russell, Majors y Waddell, bajo ninguna circunstancia usaré lenguaje profano, no pelearé ni reñiré con ningún otro empleado de la firma y que me conduciré en todo momento con honestidad; que cumpliré con mis obligaciones y me conduciré en todos mis actos como para merecer la confianza de mis superiores. Pido a Dios su ayuda para ello.»
El muchacho extra comenzó su trabajo, cumpliendo como el mejor y durmiendo de noche sobre una frazada tirada en el suelo debajo de una carreta. Pasaban los días y las semanas y la caravana continuaba su lento viaje a través de las llanuras y los cerros, monotonía que sólo interrumpían los chasquidos de los látigos de los conductores —Bull Whackers— que acicateaban a los bueyes. Esa monotonía significaba una suerte; era el viaje sin tropiezos y sin incidentes, incidentes que muchas veces tenían como saldo la muerte o la pérdida de todo lo que se llevaba. Todo dependía del valor de los hombres de la caravana y de su habilidad en el manejo de las armas.