Búffalo Bill
Búffalo Bill En seguida comenzó la doma de los doce potros —tal era su número— de las campiñas de la Romagna, entre número y número del programa del Wild West, sin que nada perturbara el desarrollo. Las bestias fueron enlazadas, ensilladas y jineteadas como cientos de veces lo habÃan hecho esos llaneros en su patria, ante el entusiasmo del público y el asombro del prÃncipe, que reconoció hidalgamente la maestrÃa sin igual que tenÃan los americanos para montar un potro de lo más bravo que podÃa hallarse, sin los previos trabajos de manoseo usuales en Europa y que solÃan durar largos dÃas.
En la exposición-feria-teatro de estos dÃas, se ven varios espectáculos, pero que son agregados a lo que eran el Wild West de los tiempos triunfales, como el de los jinetes cosacos, la batalla de San Juan y los ejercicios de diversos regimientos europeos, que a pesar de tener cierto interés, no añaden gran cosa a lo que era la vieja Buffalo Bill’s Wild West Show[26], como se la llamó después. Como documento demostrativo de la vida de aquellos tiempos y lugares, no tiene precio. La mejor manera de estar enterado de las cosas viejas del desierto de más allá del rÃo Missouri, es ver esa exposición a la que nada se le ha añadido que reste realidad.