Búffalo Bill
Búffalo Bill Elegí cuatro hombres y me puse en marcha en medio de la tormenta tomando rumbo hacia el sur, directamente. Anduvimos más de veinticuatro millas y al llegar a las márgenes del río Cimarrón exploramos su ribera en unas cuantas millas hasta que avistamos las carpas del general Penrose, a considerable distancia.
Era ya casi de noche y como el general Carr con sus hombres llegaría a ese sitio a la mañana siguiente, no creí necesario que volviéramos todos al campamento con la noticia de mi hallazgo. Desmontamos en un refugio cercano al río, encendimos fuego y nos dispusimos a asar un buen trozo de la carne de un venado que habíamos cazado por el camino. Bien reconfortado con el suculento asado, emprendí solo el camino para reunirme a Carr y darle la noticia de que el ejército del general Penrose se hallaba cerca y en buenas condiciones.
Llegué al campamento de Carr a las once de la noche.
El jefe se hallaba aún despierto y tenía luz en su carpa; le comuniqué las buenas nuevas que traía, lo que lo alegró sobremanera, pues estaba temiendo por la suerte de Penrose y sus hombres.