Búffalo Bill
Búffalo Bill Cuando las tropas llegaron al sitio en que me encontraba con los negros, el general Carr les hizo confesar que habían desertado del ejército de Penrose y que trataban de llegar a Fort Lyon. De lo que le dijeron los negros, Carr dedujo que Penrose y sus hombres se hallaban medio muertos de hambre en alguna parte de Palladora Creek, que no supieron precisar. Conocido el estado en que se hallaban las tropas de Penrose, el general Carr ordenó al mayor Brown que partiera de inmediato para buscarlos, llevando consigo cincuenta mulas bien cargadas con provisiones para aliviar la mala situación de aquella pobre gente. Formé parte del destacamento y al tercer día de marcha forzada dimos con ellos, que se hallaban ya casi exhaustos. Era en realidad un cuadro penoso ver el triste estado en que se hallaban por las privaciones. Hacía dos semanas que habían tenido que racionar a una cuarta parte la alimentación y ahora habían agotado ya todos los víveres. No parecían seres humanos sino espectros. Además, el campamento ofrecía un aspecto terrible porque por doquier se veían esqueletos de las mulas que habían muerto de fatiga y hambre. Al llegar el general Carr, siendo oficial de más antigüedad que Penrose, tomó el mando de todas las tropas. Lo primero que hizo fue descargar las carretas de sus provisiones y mandarlas de nuevo al fuerte Lyon en busca de alimentos. Luego reunió quinientos de los mejores hombres y caballos y con su tren bien cargado emprendió la marcha hacia el sur del río Canadian, dejando el resto de la tropa en el campamento.