Búffalo Bill
Búffalo Bill A la mañana siguiente, muy de madrugada, nos pusimos en seguimiento de los sioux. Durante dos largos días, cabalgando con toda la rapidez posible, pudimos ver, por las cada vez más recientes huellas de sus pasos, que poco a poco les íbamos sacando ventaja. Contribuyó a aumentar nuestros bríos ver en esas huellas las muy patentes de mujer, lo que vino a demostrar que llevaban blancas cautivas. El general Carr hizo que los que marchábamos en la vanguardia tomáramos los mejores caballos para forzar la marcha. El convoy y sus custodias deberían seguirnos también a la mayor velocidad posible. Yo tomé, con unos cuantos pawnee muy bien montados, la delantera, con la consigna de localizar a la caravana de sioux para que el grueso de la tropa, conociendo el sitio exacto en que entrarían en contacto con ella, pudiera prepararse mejor para el combate. Después de cabalgar más de diez millas comenzamos a movernos con gran cautela, pues presentíamos que los sioux no andarían lejos. Galopábamos en los llanos, pero al ascender una colina lo hacíamos desmontados, dejando los caballos abajo y llegando a la cima arrastrándonos por el suelo. Llegados arriba, oteábamos en todas direcciones, y al no descubrir nada, montábamos de nuevo y nos lanzábamos cerro abajo a todo lo que podían nuestros caballos.