Búffalo Bill
Búffalo Bill Era tal el nerviosismo del muchacho que no logró arrancar una sola nota del instrumento. El general volvió a gritar la orden, pero con el mismo resultado negativo de la vez anterior. Entonces el cuartelmaestre, que había obtenido permiso para formar parte de la expedición, arrancó de las manos del atribulado trompa el rebelde instrumento y llevándoselo a los labios transmitió la orden que todos esperábamos. En seguida arrojó la trompa al suelo y sacando un par de revólveres arremetió con furia como sus compañeros hacia el centro de la aldea.
Los indios, que en ese momento comenzaban los preparativos para levantar campamento, quedaron estupefactos durante unos segundos al ver cómo descendíamos sobre ellos. Unos cuantos, los que tenían cerca un caballo, saltaron sobre él y se adelantaron a resistir el ataque. Pero pronto, advirtiendo nuestra superioridad numérica, volvieron grupas y huyeron. Los que estaban sin cabalgadura, no esperaron, y se lanzaron a todo correr, trepando por las sierras vecinas. Atravesando la aldea, haciendo fuego en todas direcciones, los soldados regulares, los pawnee y los scouts crearon un desbarajuste como no he visto otro.
La persecución duró hasta el anochecer, en que se hizo imposible seguir castigando a los sioux, que se habían dispersado como una nidada de codornices.