Búffalo Bill
Búffalo Bill Las huellas delataban un número de indios muy superior al nuestro, pero había entre nosotros suficiente número de corazones valientes, que no titubearían en lanzarse al ataque, no obstante cualquier desproporción numérica. Pero estos entusiasmos se enfriaron un tanto al tercer día, al avistar un grupo como de seiscientos a la orilla del Platte. El descubrimiento fue mutuo, y hubo inmediata preparación de combate por ambas partes. Debido a la evidente superioridad numérica de nuestros enemigos, se hizo necesario extremar las precauciones, y en lugar de abalanzarnos sobre su campo, buscamos terreno ventajoso. Notando esto, los indios se dieron cuenta de la división realizada en las fuerzas del general Carr, y que nosotros no éramos más que una parte de él. Por lo tanto, no titubearon en asumir el papel de atacantes, pasando de la fuga a la ofensiva. Cargaron y nos hicieron retroceder a buscar refugio en las quebradas.
Sin embargo, el ataque se resentía por lo precavido, teniendo en cuenta la forma de encarar la guerra que caracterizaba a los arrojados sioux. Tan prudentes se mostraban, que daban tiempo a nuestros soldados para guarecerse con caballos y arneses en el lecho de un arroyo que en estaciones lluviosas era un afluente del Platte.
Pero no se hizo esperar más la arremetida, que, a mi modo de ver, por el conocimiento que tenía de la forma de guerrear de los indios, tardaba en producirse.