Pinocho

Pinocho

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀
Cuando ya cesó de nevar, tomó Pinocho el camino de la escuela, llevando bajo el brazo su magnífica cartilla nueva. Por el camino iba haciendo fantásticos proyectos y castillos en el aire, a cuál más espléndidos. Decía para su coleto: --Hoy mismo quiero aprender a leer; mañana, a escribir, y pasado, las cuentas. En cuanto sepa todo esto ganaré mocho dinero y con lo primero que tenga le compraré a mi papito una buena chaqueta de paño. ¿Qué digo de paño? ¡No; ha de ser una chaqueta toda bordada de oro y plata, con botones de brillantes! ¡Bien se lo merece el pobre! ¡Es muy bueno! Tan bueno que para comprarme este libro, y que yo aprenda a leer, ha vendido la única chaqueta que tenía y se ha quedado en mangas de camisa con este frío. ¡La verdad es que sólo los padres son capaces de estos sacrificios! Mientras iba discurriendo de este modo y hablando para sí, le pareció sentir a lo lejos una música de pífanos y bombo: ¡Pi-pi-pi, pi-pi-pi, pom-pom, pom-pom! Se detuvo y se puso a escuchar. Aquellos sonidos venían por una larga calle transversal que conducía a un paseo orilla del mar. --¿Qué será esa música? ¡Qué lástima tener que ir a la escuela, porque si no!... Permaneció un instante indeciso, sin saber qué hacer; pero no había mas remedio que tomar una resolución: ir a la escuela, o ir a la música. Por fin se decidió el monigote, y encogiéndose de hombros, dijo: --¡Bah! ¡Iremos hoy a la música, y mañana a la escuela! Asi como así, para ir a la escuela siempre hay tiempo de sobra! Y tomando por la calle transversal, echó a correr. A medida que iba corriendo sentía más cercanos los pífanos y el bombo: ¡Pi-Pi-pi, pi-pi-pi; pom-pom, pom-pom! De pronto desembocó en una plazoleta llena de gente arremolinada en torno de un gran barracón de madera, cubierto de tela de colores chillones. --¡Qué barracón es ese! --preguntó Pinocho a un muchacho que vio al lado suyo. --Lee el cartel. --Lo leería con mucho gusto, pero es el caso que hoy precisamente no puedo todavía. --¡Buen lila estás hecho! Yo te lo leeré. ¿Ves esas letras grandes encarnadas? Pues, mira, dicen: GRAN TEATRO DE MUÑECOS. --¿Hace mucho que ha empezado la función? --Va a empezar ahora mismo. --¿Cuánto cuesta la entrada? --Veinte céntimos. Pinocho, que ya estaba dominado por la curiosidad, dijo descaradamente al otro muchacho: --¿Quieres prestarme veinte céntimos hasta mañana? --Te los prestaría con mucho gusto-- contestó el otro con tono zumbón y remedando a Pinocho--; pero es el caso que hoy precisamente no puedo. --Te vendo mi chaqueta por veinte céntimos-- dijo entonces el muñeco. --¿Y qué quieres que haba yo con esa chaqueta de papel pintado! Si te llueve encima, no tendrás el trabajo de quitártela, porque se caerá ella sola. --¿Quieres comprarme mis zapatos? --Sólo sirven para encender fuego. --¿Cuánto me das por el gorro? --¡Vaya un negocio! ¡Un gorro de miga de pan! ¡Me lo comerían los ratones en: la misma cabeza! Pinocho estaba ya sobre ascuas. Pensaba hacer una última proposición; pero le faltaba valor, dudaba, quería intentarlo, volvía a vacilar. Por último se decidió y dijo: Quieres darme veinte céntimos por esta cartilla nueva --Yo soy un niño y no compro nada a los demás niños-- contestó el otro, que tenía más juicio que Pinocho. --¡Yo compro la cartilla por veinte céntimos!-- dijo entonces un trapero que escuchaba la conversación. Y de esta manera fue vendida aquella cartilla, mientras que el pobre Gepeto estaba en mangas de camisa y tiritando de frío, por haber vendido su única chaqueta para comprar el libro a su hijo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker