Nunca Más
Nunca Más Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. Quiénes exactamente los habÃan secuestrado? Por qué?. Dónde estaban?. No se tenÃa respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habÃan oÃdo hablar de ellos, las cárceles no los tenÃan en sus celdas, la justicia los desconocÃa y los hábeas corpus sólo tenÃan por contestación el silencio. En torno de ellos crecÃa un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Asà transcurrÃan dÃas, semanas, meses, años de incertidumbres y, dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inútiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.
En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: "Por algo será", se murmuraba en voz baja, como queriendo asà propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como
