El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––¿Y ahora, qué? ––pregunté––. Toby ha perdido su reputación de infalible.
––Ha actuado según su entendimiento ––dijo Holmes, cogiéndolo para bajarlo del barril y sacarlo del almacén––. Si se piensa en la cantidad de creosota que se transporta por Londres cada dÃa, no puede extrañar que el rastro se haya cruzado con otro. Ahora se utiliza mucho la creosota, sobre todo para tratar la madera. El pobre Toby no tiene la culpa.
––Supongo que habrá que volver al rastro principal.
––SÃ. Por suerte, no tendremos que ir lejos. Está claro que lo que desconcertó al perro en la esquina de Knight's Place fue que allà habÃa dos rastros diferentes, que iban en direcciones opuestas. Hemos seguido el que no era, y lo único que tenemos que hacer ahora es seguir el otro.
No tuvimos ninguna dificultad. En cuanto llevamos a Toby al sitio en el que habÃa cometido el error, recorrió un amplio cÃrculo y por fin salió disparado en una nueva dirección.
––Habrá que tener cuidado de que no nos lleve ahora al lugar de donde vino el barril de creosota ––comenté.