El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Ya habÃa pensado en ello. Pero fÃjese en que ahora va por la acera, mientras que el barril iba por la calzada. No, esta vez seguimos la pista buena.
El rastro bajaba hacia la ribera del rÃo, pasando por Belmont Place y Prince's Street. Al final de Broad Street llegamos hasta la orilla misma, donde habÃa un pequeño muelle de madera. Toby nos condujo hasta el borde del embarcadero y allà se paró, gimiendo y mirando la negra corriente de agua que pasaba a sus pies.
––Se nos acabó la suerte ––dijo Holmes––. Han tomado una embarcación.
Amarrados al borde del muelle habÃa varios pontones y esquifes pequeños. Hicimos que Toby los recorriera de uno en uno pero, por mucho que olfateó, no dio ninguna señal.
Cerca del tosco embarcadero habÃa una casita de ladrillo con un letrero de madera colgado de la ventana del primer piso. En él se leÃa, pintado en letras grandes, «Mordecai Smith», y debajo «Se alquilan embarcaciones por horas y por dÃas». Un segundo letrero, encima de la puerta, nos informó de que disponÃan de una lancha de vapor, información que quedaba confirmada por un gran montón de carbón que habÃa en el muelle. Sherlock Holmes miró lentamente a nuestro alrededor y su rostro adoptó una expresión ominosa.