El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Tenemos que cazar al Aurora, que tiene fama de rápido. Le voy a explicar cómo andan las cosas, Watson. ¿Recuerda lo mucho que me molestó verme frustrado por un obstáculo tan pequeño?
––SÃ.
––Pues bien, le concedà a mi cerebro un descanso completo, enfrascándome en un análisis quÃmico. Uno de nuestros más grandes estadistas ha dicho que el mejor descanso es un cambio de ocupación. Y es verdad. Cuando conseguà disolver el hidrocarburo con el que estaba trabajando, volvà al problema de los Sholto y repasé una vez más todo el asunto. Mis muchachos habÃan mirado rÃo arriba y rÃo abajo sin resultados. La lancha no estaba en ningún muelle o embarcadero, y tampoco habÃa regresado al suyo. Sin embargo, era muy poco probable que la hubieran hundido para borrar sus huellas, aunque siempre cabÃa esa posibilidad si todo lo demás fallaba. Yo sabÃa que este Small posee un cierto grado de astucia de poca monta, pero no lo consideraba capaz de demasiadas sutilezas. Eso suele ser consecuencia de una educación superior. Entonces se me ocurrió que si Small llevaba bastante tiempo en Londres, y tenemos evidencia de que mantenÃa una vigilancia constante sobre el Pabellón Pondicherry, era difÃcil que pudiera marcharse de buenas a primeras; necesitarÃa algún tiempo, aunque sólo fuera un dÃa, para dejar arreglados sus asuntos.
En cualquier caso, parecÃa bastante probable.