El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Efectivamente, justo detrás de donde nosotros habíamos estado, se había clavado uno de aquellos dardos asesinos que conocíamos tan bien. Debió pasar zumbando entre nosotros cuando disparamos. Holmes sonrió y se encogió de hombros con su característico aire despreocupado, pero yo tengo que confesar que me dieron mareos al pensar en la horrible muerte que tan cerca de nosotros había pasado aquella noche.