El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Creo que no, gracias ––respondió mi compañero.
––Bien, Holmes ––dijo Athelney Jones––. Ya le hemos dado gusto y todos sabemos que es usted un entendido en crÃmenes; pero el deber es el deber y ya he llegado bastante lejos haciendo lo que usted y su amigo me pidieron.
Estaré más tranquilo cuando haya puesto a buen recaudo a nuestro narrador.
El coche aún espera y tengo dos inspectores abajo. Les estoy muy agradecido por su ayuda. Como es natural, tendrán que asistir al juicio. Buenas noches.
––Buenas noches, caballeros ––dijo Jonathan Small.
––Usted delante, Small ––dijo el prudente Jones al salir de la habitación––. Pienso poner especial cuidado en que no me aporree con su pata de palo, como dice que le hizo a aquel caballero en las islas Andaman.
––Bien, con esto termina nuestro pequeño drama ––comenté, después de que hubiéramos estado un buen rato fumando en silencio––. Me temo que ésta puede ser la última investigación en la que tenga ocasión de estudiar sus métodos. La señorita Morstan me ha hecho el honor de aceptarme como futuro marido.
Holmes dejó escapar un gemido de lamentación.