El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Un médico, ¿eh? ––exclamó, muy excitado––. ¿Ha traÃdo su estetoscopio? ¿PodrÃa pedirle… , tendrÃa la amabilidad de… ? Tengo serias dudas acerca de mi válvula mitral, y si fuera tan amable… En la aorta puedo confiar, pero me gustarÃa conocer su opinión sobre la mitral.
Le ausculté el corazón como me pedÃa, pero no escuché nada anormal, aparte de que era evidente que sufrÃa un ataque extremo de miedo, ya que temblaba de pies a cabeza.
––Parece normal ––dije––. No tiene por qué preocuparse.
––Tendrá que perdonar mi ansiedad, señorita Morstan ––dijo en tono afectado––. Tengo muy mala salud y hace tiempo que sospechaba de esa válvula. Me alegra muchÃsimo oÃr que mis sospechas eran infundadas. Si su padre, señorita Morstan, no hubiera sometido su corazón a tantas tensiones, tal vez estarÃa vivo todavÃa.
Me dieron ganas de cruzarle la cara, de tanto que me indignó su cruel e innecesaria alusión a un tema tan delicado. La señorita Morstan se sentó, completamente pálida.
––Siempre tuve la corazonada de que habÃa fallecido ––dijo.