El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Yo miré los discos de barro, redondos y bien definidos.
––Eso no es una pisada ––dije.
––Es algo que para nosotros tiene mucho más valor. Es la huella de una pata de palo. ¿Ve? Aquà en el alféizar de la ventana hay una huella de bota, una bota pesada, con refuerzo metálico en el tacón; Y, junto a ella, la huella de la pata de palo.
––¡El hombre de la pata de palo!
––Exacto. Pero aquà ha habido alguien más. Un cómplice muy hábil y eficiente. ¿SerÃa usted capaz de escalar esa pared, doctor?
Miré por la ventana abierta. La luna seguÃa iluminando bien aquella esquina de la casa. Estábamos por lo menos a dieciocho metros del suelo y, por mucho que miré, no pude encontrar ningún asidero ni punto de apoyo, ni tan siquiera una grieta en la pared de ladrillo.
––Es completamente imposible ––respondÃ.