El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes Mientras avanzábamos a paso ligero por Howe Street, volvà la mirada hacia el edificio que acabábamos de abandonar. Y allÃ, recortada borrosamente en la ventana del último piso, pude ver la silueta de una cabeza, una cabeza de mujer que miraba tensa y rÃgida hacia la oscuridad, esperando sin aliento que se reanudara el mensaje interrumpido. En la puerta de la casa de apartamentos de Howe Street, apoyado en la barandilla, habÃa un hombre embozado en gabán y bufanda, que dio un respingo cuando la luz del vestÃbulo iluminó nuestros rostros.
—¡Holmes!
—¡Caramba, Gregson! —exclamó mi compañero mientras estrechaba la mano al inspector de Scotland Yard—. ¡Qué pequeño es el mundo! ¿Qué le trae por aqu�
—Sospecho que lo mismo que le ha traÃdo a usted —respondió Gregson—. Lo que no logro imaginar es cómo se ha metido usted en esto.
—Diferentes hilos, pero que conducen a la misma maraña. He estado captando las señales.
—¿Qué señales?
—Las que se han hecho desde esa ventana. Se han cortado a la mitad, y hemos venido a averiguar por qué. Pero, puesto que el caso está en sus manos, no veo razón para que nosotros sigamos adelante.
