El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes Un hombre notable, este Von Bork, sin parangón entre todos los devotos agentes del Kaiser. Sus grandes cualidades habÃan sido la causa de que se le encomendara la misión en Inglaterra, la más importante de todas; pero, desde que se habÃa hecho cargo de la misma, estas cualidades se habÃan ido haciendo cada vez más evidentes para la media docena de personas que estaban al corriente de la verdad. Una de estas personas era su actual acompañante, el barón Von Herling, secretario jefe de la embajada, cuyo potente automóvil Benz de 100 caballos bloqueaba el camino rural, aguardando para llevar a su propietario de regreso a Londres.
—Si no he interpretado mal la marcha de los acontecimientos, lo más probable es que esté usted de vuelta en BerlÃn antes de una semana —estaba diciendo el secretario—. Y cuando llegue allÃ, querido Von Bork, creo que le sorprenderá el recibimiento que van a hacerle. Da la casualidad de que sé lo que se piensa en las altas esferas acerca de su labor en este paÃs.
El secretario era un hombre gigantesco, alto y corpulento, y hablaba con una lentitud y una pomposidad que constituÃan su principal baza en su carrera diplomática.
Von Bork se echó a reÃr.
—No es nada difÃcil engañarlos —comentó—. No es posible imaginar gente más dócil y más simple.