El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Tiene que ser algo más que eso —dijo—. La palabra lleva implÃcita alguna connotación trágica y terrible. Si repasa usted esas narraciones con las que lleva tanto tiempo atormentando al sufrido público, se dará cuenta de que, con mucha frecuencia, lo grotesco degenera en criminal. Acuérdese de aquel asuntillo de la liga de los pelirrojos. Al principio parecÃa una cosa simplemente grotesca, pero terminó en un atrevido intento de robo. Y más grotesco aún era aquel enredo de las cinco semillas de naranja, que desembocó directamente en una conjura asesina. Esa palabra me pone en guardia.
—¿Es que aparece en el telegrama? —pregunté. Holmes lo leyó en voz alta.
Acabo de tener una experiencia absolutamente increÃble y grotesca. ¿Puedo consultarle? — Scott Eccles, Oficina de Correos de Charing Cross.
—¿Hombre o mujer? —seguà preguntando.
—Hombre, desde luego. Ninguna mujer enviarÃa un telegrama con la respuesta pagada. Se habrÃa presentado aquà sin más.
—¿Piensa usted recibirle?
