Estudio en Escarlata
Estudio en Escarlata Sí, un asunto peligroso… tan peligroso que ni siquiera los más santos se atrevían a cuchichear, conteniendo el aliento, acerca de sus opiniones religiosas, por miedo a que algún comentario pudiera ser mal interpretado y pudiera acarrearles un rápido castigo. Los que habían padecido persecución se habían convertido ahora en perseguidores a su vez, y en perseguidores de la peor especie. Ni la Inquisición de Sevilla ni la Vehmgericht alemana ni las sociedades secretas de Italia fueron capaces de poner en marcha una maquinaria tan formidable como la que ensombrecía el estado de Utah.
Su invisibilidad y el misterio que la envolvía hacían esta organización doblemente terrible. Parecía ser omnisciente y omnipotente, y, sin embargo, nadie podía verla ni oírla. Todo aquel que se resistía a la Iglesia desaparecía, sin que se supiera dónde había ido o qué le había sucedido. Su esposa y sus hijos lo esperaban en casa, pero ningún padre regresó jamás para contarles qué habían hecho con él sus secretos jueces. Una palabra imprudente o un acto precipitado suponían el aniquilamiento, y nadie sabía cuál era la índole de ese terrible poder que pendía amenazante sobre sus cabezas. No era extraño que los hombres vivieran encogidos y temerosos, y que ni siquiera en el corazón del desierto se atrevieran a cuchichear las dudas que los oprimían.