Estudio en Escarlata
Estudio en Escarlata 6
La furiosa resistencia de nuestro prisionero no parecía indicar ninguna animadversión personal hacia nosotros, pues, al verse ya impotente, sonrió con afabilidad y expresó su esperanza de no habernos lesionado en el curso de la pelea.
—Supongo que van a llevarme a la comisaría —le comentó a Sherlock Holmes—. Mi coche está en la puerta. Si me desatan las piernas, bajaré hasta él por mi propio pie. Ya no soy tan ligero como antes para que carguen conmigo.
Gregson y Lestrade intercambiaron una mirada, como si pensaran que la propuesta era una temeridad, pero Holmes aceptó de inmediato la palabra del prisionero y soltó la toalla que le había atado alrededor de los tobillos. Hope se levantó y estiró las piernas, como para asegurarse de que las tenía de nuevo libres. Recuerdo que pensé, mientras le miraba, que en pocas ocasiones había visto a un hombre de constitución tan poderosa, y que su bronceado rostro tenía una expresión resuelta y enérgica tan formidable como su fortaleza física.
—Si queda vacante una plaza de jefe de policía, creo que es usted el hombre adecuado para ocuparla —dijo, mirando con franca admiración a mi compañero de alojamiento—. El modo en que me ha seguido la pista es asombroso.
