Estudio en Escarlata
Estudio en Escarlata 3
El MISTERIO DE LAURISTON GARDENS
Confieso que quedé atónito ante aquella nueva prueba de la eficacia práctica de las teorÃas de mi compañero. Mi respeto por su capacidad analÃtica aumentó extraordinariamente. Con todo, todavÃa anidaba en mi mente cierta vaga sospecha de que pudiera tratarse de un montaje con el propósito de deslumbrarme, aunque escapaba a mi comprensión qué podÃa pretender con ello. Cuando le miré, habÃa acabado de leer la nota, y sus ojos habÃan adquirido la expresión ausente y apagada del ensimismamiento.
—¿Cómo demonios lo dedujo usted? —le pregunté.
—¿Qué deduje? —dijo malhumorado.
—Pues que era sargento retirado de la Marina.
—No tengo tiempo para fruslerÃas —respondió con brusquedad, y añadió con una sonrisa—: Disculpe mi descortesÃa. Ha roto el curso de mis pensamientos, pero tal vez dé lo mismo. Asà pues, ¿de verdad no ha sido capaz de ver que ese individuo era un sargento de Marina?
—Claro que no.
