Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Una vez localizado mi hombre, resultaba fácil conseguir la confirmación. Yo sabía con qué casa comercial trabajaba este hombre. Examinando la descripción impresa, eliminé todo aquello que podía ser consecuencia de un disfraz: las patillas, los cristales, la voz, y la envié a la casa en cuestión, pidiéndoles que me comunicasen si correspondía a la descripción de alguno de sus viajantes. Me había fijado ya en las características de la máquina de escribir y envié una carta a nuestro hombre, dirigida a su lugar de trabajo, preguntándole si podría presentarse aquí. Su respuesta, tal y como yo había esperado, estaba escrita a máquina, y en ella se advertían los mismos defectos triviales pero característicos de la máquina. Por el mismo correo me llegó una carta de Westhouse and Marbank, de Fenchurch Street, comunicándome que la descripción respondía en todos sus detalles a la de su empleado James Windibank. Voila tout!
-¿Y la señorita Sutherland?
-Si yo se lo cuento a ella, no me creerá. Recuerde usted el viejo proverbio persa: "Es peligroso quitar su cachorro a un tigre, y también es peligroso arrebatar a una mujer una ilusión." Hay en Hafiz tanto buen sentido como en Horacio, e igual conocimiento del mundo.