Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Ustedes disculparán este antifaz -prosiguió nuestro extraño visitante-. La augusta persona que se sirve de mà desea que su agente permanezca incógnito para ustedes, y no estará de más que confiese desde ahora mismo que el tÃtulo nobiliario que he adoptado no es exactamente el mÃo.
-Ya me habÃa dado cuenta de ello -dijo secamente Holmes.
-Trátase de circunstancias sumamente delicadas, y es preciso tomar toda clase de precauciones para ahogar lo que pudiera llegar a ser un escándalo inmenso y comprometer seriamente a una de las familias reinantes de Europa. Hablando claro, está implicada en este asunto la gran casa de los Ormstein, reyes hereditarios de Bohemia.
-También lo sabÃa-murmuró Holmes arrellanándose en su sillón, y cerrando los ojos.
Nuestro visitante miró con algo de evidente sorpresa la figura lánguida y repantigada de aquel hombre, al que sin duda le habÃan pintado como al razonador más incisivo y al agente más enérgico de Europa. Holmes reabrió poco a poco los ojos y miró con impaciencia a su gigantesco cliente.
-Si su majestad se dignase exponer su caso -dijo a modo de comentario-, estarÃa en mejores condiciones para aconsejarle.