Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Yo guardaba las llaves y podÃa ir a donde bien me pareciese y hacer lo que me diese la gana, con tal que no le molestase cuando él estaba en sus habitaciones reservadas. Una excepción me hizo, sin embargo; habÃa entre los áticos una habitación independiente, un camaranchón que estaba siempre cerrado con llave, y al que no permitÃa que entrásemos ni yo ni nadie. Llevado de mi curiosidad de muchacho, miré más de una vez por el ojo de la cerradura, sin que llegase a descubrir dentro sino lo corriente en tales habitaciones, es decir, una cantidad de viejos baúles y bultos. Cierto dÃa, en el mes de marzo de mil ochocientos ochenta y tres, habÃa encima de la mesa, delante del coronel, una carta cuyo sello era extranjero. No era cosa corriente que el coronel recibiese cartas, porque todas sus facturas se pagaban en dinero contante, y no tenÃa ninguna clase de amigos. Al coger la carta, dijo: «¡Es de la India! ¡Trae la estampilla de Pondicherry! ¿Qué podrá ser?».