Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Mis tareas profesionales me absorbieron durante todo el día, y era ya entrada la noche cuando regresé a Baker Street; Sherlock Holmes no había vuelto aún. Eran ya cerca de las diez cuando entró con aspecto pálido y agotado. Se acercó al aparador, arrancó un trozo de la hogaza de pan y se puso a comerlo con voracidad, ayudándolo a pasar con un gran trago de agua.
-Está usted hambriento -dije yo.
-Muriéndome de hambre. Se me olvidó comer. No probé bocado desde que me desayuné.
-¿Nada?
-Ni una miga. No tuve tiempo de pensar en la comida.
-¿Tuvo éxito?
-Sí.
-¿Alguna pista?
-Los tengo en el hueco de mi mano. No tardará mucho el joven Openshaw en verse vengado. Escuche, Watson, vamos a marcarlos a ellos con su propia marca de fábrica. ¡Es cosa bien pensada!
-¿Qué quiere usted decir?