Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Es más que una piedra preciosa. Es la piedra preciosa.
-¿No se referirá al carbunclo azul de la condesa de Morcar? -exclamé yo.
-Precisamente. No podrÃa dejar de reconocer su tamaño y forma, después de haber estado leyendo el anuncio en el Times tantos dÃas seguidos. Es una piedra absolutamente única, y sobre su valor sólo se pueden hacer conjeturas, pero la recompensa que se ofrece, mil libras esterlinas, no llega ni a la vigésima parte de su precio en el mercado.
-¡Mil libras! ¡Santo Dios misericordioso! -el recadero se desplomó sobre una silla, mirándonos alternativamente a uno y a otro.
-Ésa es la recompensa, y tengo razones para creer que existen consideraciones sentimentales en la historia de esa piedra que harÃan que la condesa se desprendiera de la mitad de su fortuna con tal de recuperarla.
-Si no recuerdo mal, desapareció en el hotel Cosmopolitan -comenté.