Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¿Aqu�
-SÃ, y resultó ser un ave de lo más notable. No me extraña que le interese tanto. Como que puso un huevo después de muerta… el huevo azul más pequeño, precioso y brillante que jamás se ha visto. Lo tengo aquà en mi museo.
Nuestro visitante se puso en pie, tambaleándose, y se agarró con la mano derecha a la repisa de la chimenea. Holmes abrió su caja fuerte y mostró el carbunclo azul, que brillaba como una estrella, con un resplandor frÃo que irradiaba en todas direcciones. Ryder se lo quedó mirando con las facciones contraÃdas, sin decidirse entre reclamarlo o negar todo conocimiento del mismo.
-Se acabó el juego, Ryder -dijo Holmes muy tranquilo-. Sosténgase, hombre, que se va a caer al fuego. Ayúdele a sentarse, Watson. Le falta sangre frÃa para meterse en robos impunemente. Dele un trago de brandy. AsÃ. Ahora parece un poco más humano. ¡Menudo mequetrefe, ya lo creo! Durante un momento habÃa estado a punto de desplomarse, pero el brandy hizo subir un toque de color a sus mejillas, y permaneció sentado, mirando con ojos asustados a su acusador.