Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Y cuando yo levante mi mano asÃ, arrojará usted al interior de la habitación algo que yo le daré y al mismo tiempo, dará usted la voz de ¡fuego! ¿Va usted siguiéndome?
-Completamente.
-No se trata de nada muy terrible -dijo, sacando del bolsillo un rollo largo, de forma de cigarro-. Es un cohete ordinario de humo de plomero, armado en sus dos extremos con sendas cápsulas para que se encienda automáticamente. A eso se limita su papel. Cuando dé usted la voz de fuego, la repetirá a una cantidad de personas. Entonces puede usted marcharse hasta el extremo de la calle, donde yo iré a juntarme con usted al cabo de diez minutos. ¿ Me he explicado con suficiente claridad?
-Debo mantenerme neutral, acercarme a la ventana, estar atento a usted, y, en cuanto usted me haga una señal, arrojar al interior este objeto, dar la voz de fuego, y esperarle en la esquina de la calle.
-Exactamente.
-Pues entonces confÃe en mÃ.
-MagnÃfico. Pienso que quizá sea ya tiempo de que me caracterice para el nuevo papel que tengo que representar.