Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Eso también es bastante moderno —dijo la señorita.
—Más o menos, de la misma época que el llamador —aventuró Holmes.
—SÃ, por entonces se hicieron varias pequeñas reformas. —Y todas parecen de lo más interesantes… cordones de campanilla sin campanilla y orificios de ventilación que no ventilan. Con su permiso, señorita Stoner, proseguiremos nuestras investigaciones en la habitación de más adentro. La alcoba del doctor Grimesby Roylott era más grande que la de su hijastra, pero su mobiliario era igual de escueto. Una cama turca, una pequeña estanterÃa de madera llena de libros, en su mayorÃa de carácter técnico, una butaca junto a la cama, una vulgar silla de madera arrimada a la pared, una mesa camilla y una gran caja fuerte de hierro, eran los principales objetos que saltaban a la vista. Holmes recorrió despacio la habitación, examinándolos todos con el más vivo interés.
—¿Qué hay aqu� —preguntó, golpeando con los nudillos la caja fuerte.
—Papeles de negocios de mi padrastro.
—Entonces es que ha mirado usted dentro.
—Sólo una vez, hace años. Recuerdo que estaba llena de papeles.
—¿Y no podrÃa haber, por ejemplo, un gato?
—No. ¡Qué idea tan extraña!