Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Yo habÃa llegado a una conclusión absolutamente equivocada —dijo—, lo cual demuestra, querido Watson, que siempre es peligroso sacar deducciones a partir de datos insuficientes. La presencia de los gitanos y el empleo de la palabra «banda», que la pobre muchacha utilizó sin duda para describir el aspecto de lo que habÃa entrevisto fugazmente a la luz de la cerilla, bastaron para lanzarme tras una pista completamente falsa. El único mérito que puedo atribuirme es el de haber reconsiderado inmediatamente mi postura cuando, pese a todo, se hizo evidente que el peligro que amenazaba al ocupante de la habitación, fuera el que fuera, no podÃa venir por la ventana ni por la puerta. Como ya le he comentado, en seguida me llamaron la atención el orificio de ventilación y el cordón que colgaba sobre la cama. Al descubrir que no tenÃa campanilla, y que la cama estaba clavada al suelo, empecé a sospechar que el cordón pudiera servir de puente para que algo entrara por el agujero y llegara a la cama. Al instante se me ocurrió la idea de una serpiente y, sabiendo que el doctor disponÃa de un buen surtido de animales de la India, sentà que probablemente me encontraba sobre una buena pista. La idea de utilizar una clase de veneno que los análisis quÃmicos no pudieran descubrir parecÃa digna de un hombre inteligente y despiadado, con experiencia en Oriente. Muy sagaz tendrÃa que ser el juez de guardia capaz de descubrir los dos pinchacitos que indicaban el lugar donde habÃan actuado los colmillos venenosos.