Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Sí, su padre la trajo a pasar la última temporada en Londres. Nos vimos varias veces, nos prometimos y por fin nos casamos.
-Tengo entendido que la novia aportó una dote considerable.
-Una buena dote. Pero no mayor de lo habitual en mi familia.
-Y, por supuesto, la dote es ahora suya, puesto que el matrimonio es un hecho consumado.
-La verdad, no he hecho averiguaciones al respecto.
-Es muy natural. ¿Vio usted a la señorita Doran el día antes de la boda?
-Sí.
-¿Estaba ella de buen humor?
-Mejor que nunca. No paraba de hablar de la vida que llevaríamos en el futuro.
-Vaya, vaya. Eso es muy interesante. ¿Y la mañana de la boda?
-Estaba animadísima… Por lo menos, hasta después de la ceremonia.
-¿Y después observó usted algún cambio en ella? -Bueno, a decir verdad, fue entonces cuando advertí las primeras señales de que su temperamento es un poquitín violento. Pero el incidente fue demasiado trivial como para mencionarlo, y no puede tener ninguna relación con el caso.