Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -Entonces, ¿no me perdonas? ¿No me darás la mano antes de que me vaya?
-Oh, desde luego, si eso le causa algún placer -extendió la mano y estrechó frÃamente la que le tendÃan.
-TenÃa la esperanza -surgió Holmes- de que me acompañaran en una cena amistosa.
-Creo que eso ya es pedir demasiado -respondió su señorÃa-. Quizás no me quede más remedio que aceptar el curso de los acontecimientos, pero no esperarán que me ponga a celebrarlo. Con su permiso, creo que voy a despedirme. Muy buenas noches a todos -hizo una amplia reverencia que nos abarcó a todos y salió a grandes zancadas de la habitación.
-Entonces, espero que al menos ustedes me honren con su compañÃa -dijo Sherlock Holmes-. Siempre es un placer conocer a un norteamericano, señor Moulton; soy de los que opinan que la estupidez de un monarca y las torpezas de un ministro en tiempos lejanos no impedirán que nuestros hijos sean algún dÃa ciudadanos de una única nación que abarcará todo el mundo, bajo una bandera que combinará los colores de la Unión Jack con las Barras y Estrellas.