Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¡Cielo santo! —exclamé—. ¿Quién serÃa capaz de asociar la idea de un crimen con estas preciosas casitas?
—Siempre me han producido un cierto horror. Tengo la convicción, Watson, basada en mi experiencia, de que las callejuelas más sórdidas y miserables de Londres no cuentan con un historial delictivo tan terrible como el de la sonriente y hermosa campiña inglesa.
—¡Me horroriza usted!