Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Holmes y yo habÃamos escuchado hechizados el extraordinario relato. Al llegar a este punto, mi amigo se puso en pie y empezó a dar zancadas por la habitación, con las manos en los bolsillos y una expresión de profunda seriedad en su rostro.
—¿Está Toller todavÃa borracho? —preguntó.
—SÃ. Esta mañana oà a su mujer decirle a la señora Rucastle que no podÃa hacer nada con él.
—Eso está bien. ¿Y los Rucastle van a salir esta tarde?
—SÃ.
—¿Hay algún sótano con una buena cerradura?
—SÃ, la bodega.
—Me parece, señorita Hunter, que hasta ahora se ha comportado usted como una mujer valiente y sensata. ¿Se siente capaz de realizar una hazaña más? No se lo pedirÃa si no la considerara una mujer bastante excepcional.
—Lo intentaré. ¿De qué se trata?