Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Y se trajo de Londres a la señorita Hunter para librarse de la desagradable insistencia del señor Fowler.
—Asà es, señor.
—Pero el señor Fowler, perseverante como todo buen marino, puso sitio a la casa, habló con usted y, mediante ciertos argumentos, monetarios o de otro tipo, consiguió convencerla de que sus intereses coincidÃan con los de usted.
—El señor Fowler es un caballero muy galante y generoso —dijo la señora Toller tranquilamente.
—Y de este modo, se las arregló para que a su marido no le faltara bebida y para que hubiera una escalera preparada en el momento en que sus señores se ausentaran.
—Ha acertado; ocurrió tal y como usted lo dice.
—Desde luego, le debemos disculpas, señora Toller —dijo Holmes—. Nos ha aclarado sin lugar a dudas todo lo que nos tenÃa desconcertados. Aquà llegan el médico y la señora Rucastle. Creo, Watson, que lo mejor será que acompañemos a la señorita Hunter de regreso a Winchester, ya que me parece que nuestro locus stand es bastante discutible en estos momentos.